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¿Por qué los bancos necesitan equilibrar el riesgo cibernético y la experiencia digital?

  • Foto del escritor: Aline Silva | PhishX
    Aline Silva | PhishX
  • 30 abr
  • 6 Min. de lectura

En el escenario actual, el nuevo desafío estratégico para los bancos no radica solo en la adopción de nuevas tecnologías, sino en la capacidad de fortalecer la ciberseguridad a través de las personas que hacen que la operación ocurra cada día.


La seguridad digital y la experiencia interna ya no son temas separados, ya que procesos confusos, controles excesivos o falta de orientación pueden comprometer tanto la productividad como la protección de la institución.


Al mismo tiempo, los empleados siguen siendo un objetivo constante de phishing, ingeniería social y fraudes cada vez más sofisticados.


Por lo tanto, los CEOs y CISOs deben analizar este equilibrio ahora y crear una cultura en la que los empleados actúen con seguridad, claridad y agilidad.


Al fin y al cabo, estas acciones se han vuelto esenciales para reducir riesgos, aumentar la eficiencia y proteger el negocio.


¿Cuál es el coste de no priorizar el riesgo cibernético y la experiencia digital?


Cuando los bancos priorizan la seguridad únicamente de forma aislada, sin considerar la experiencia digital, el resultado suele ser un proceso excesivamente complejo tanto para clientes como para empleados.


Los procesos de varios pasos, las autenticaciones repetitivas, las aprobaciones que consumen mucho tiempo y los controles poco intuitivos aumentan la fricción en el uso diario de los canales digitales.


Aunque muchos de estos mecanismos se crean con la intención de proteger, cuando están mal planificados acaban generando obstáculos innecesarios y desgaste operativo.


Además, este exceso de barreras afecta directamente a los resultados empresariales. Esto se debe a que, internamente, los empleados pierden tiempo con tareas burocráticas, acceso lento y flujos improductivos, lo que reduce la agilidad y la eficiencia.


En un mercado altamente competitivo, cada paso innecesario representa una pérdida de conversión y oportunidades.


Además, también se ve afectada la percepción del valor de la marca. Los clientes esperan protección, pero sin renunciar a la practicidad, cuando la experiencia se vuelve frustrante, la insatisfacción crece, las quejas aumentan y la fidelidad se debilita.


El impacto va más allá de la operación, porque el verdadero desafío no es elegir entre seguridad y experiencia, sino construir controles inteligentes que protejan sin alienar a los usuarios.


¿Cómo equilibran los bancos líderes el riesgo cibernético con la experiencia digital?


Los bancos líderes entienden que proteger la operación no significa crear obstáculos innecesarios. Por ello, invierten en una autenticación inteligente y adaptativa, capaz de ajustar el nivel de validación según a:


  • Contexto de la acción;

  • Perfil de usuario;

  • Dispositivo utilizado.


Con esto, en lugar de aplicar la misma barrera a todos los accesos, la seguridad se vuelve dinámica.


Además, la monitorización conductual permite identificar patrones inusuales, intentos sospechosos y desviaciones de comportamiento en tiempo real.


Estas acciones son esenciales porque refuerzan la prevención sin comprometer la experiencia diaria de clientes y empleados.


Otra diferencia está en la forma en que estas instituciones se comunican. Los bancos más maduros utilizan mensajes objetivos, alertas contextuales y directrices claras, ayudando a los usuarios a tomar decisiones seguras sin confusión ni sobrecarga de información.


Cuando se implementa bien, la seguridad se vuelve casi invisible para el empleado y, con ello, los procesos fluyen de forma natural, el acceso ocurre rápidamente y solo las situaciones de riesgo reciben capas adicionales de protección.


Este equilibrio entre protección y fluidez es lo que convierte la ciberseguridad en una ventaja competitiva.


¿Cuál es el papel estratégico de los CEOs y CISOs en este equilibrio?


La ciberseguridad ya no es solo una agenda técnica para convertirse en un tema central de negocio, directamente vinculada a la continuidad operativa, la confianza en el mercado, el crecimiento digital y la reputación de la entidad financiera.


Para la alta dirección, proteger el banco significa garantizar que la innovación, la expansión y la experiencia del usuario avancen de forma segura.


En este contexto, los CEOs y CISOs deben actuar de manera alineada, conectando la estrategia corporativa con las decisiones de protección digital.


Este avance requiere una gobernanza integrada entre tecnología, riesgo y experiencia, rompiendo los silos internos que aún retrasan decisiones críticas.


Más allá de supervisar incidentes, la dirección debe monitorizar indicadores que realmente impacten en el negocio, como:

  • Exposición al riesgo humano;

  • Tiempo de respuesta ante amenazas;

  • Tasas de fraude;

  • Eficiencia operativa;

  • Disponibilidad de servicios;

  • Impacto de la seguridad en el viaje digital.


Cuando estos datos llegan a la alta dirección de forma clara y accionable, la ciberseguridad deja de ser un coste y se convierte en un activo estratégico para la competitividad y el crecimiento sostenible.


¿Qué métricas usar para medir este equilibrio?


Medir el equilibrio entre ciberseguridad y experiencia digital es esencial para los bancos que quieren crecer de forma eficiente y reducir riesgos sin generar fricciones innecesarias.


Las decisiones estratégicas no pueden basarse solo en la percepción, deben guiarse por métricas que revelen cómo los controles impactan a la operación, a los clientes y a los empleados a diario.


Indicadores como la tasa de fraude, el tiempo de acceso, el abandono de autenticación, la satisfacción digital y los incidentes causados por errores humanos ayudan a los CEOs y CISOs a identificar cuellos de botella, ajustar procesos y convertir la seguridad en ventaja competitiva.


Tasa de fraude


La tasa de fraude es uno de los indicadores más relevantes para evaluar la eficacia de los controles de seguridad en los bancos. Muestra el volumen de intentos exitosos o pérdidas financieras causadas por estafas, accesos indebidos y transacciones sospechosas.


Es necesario entender que cuando este índice crece, normalmente existen debilidades en los procesos, la tecnología o el comportamiento humano.

 

Al mismo tiempo, analizar la tasa de fraude de forma aislada puede llevar a decisiones erróneas. Reducir el fraude mediante lo exagerado puede perjudicar la experiencia del usuario y la productividad interna.


Lo ideal es monitorizar este indicador junto con métricas digitales de viaje, asegurando la protección sin comprometer la fluidez de los servicios.


Hora de acceso y finalización del viaje


El tiempo que se tarda en acceder a los sistemas, autenticar operaciones o completar un viaje digital revela si la seguridad facilita o dificulta la experiencia. En los bancos, segundos extra en procesos críticos pueden tener impactos graves.


Satisfacción del cliente y eficiencia de los equipos internos, especialmente en operaciones de alto volumen. Cuando este tiempo es excesivo, puede indicar autenticaciones mal diseñadas, integraciones lentas o pasos redundantes.


Los bancos maduros  monitorizan continuamente este indicador para simplificar los flujos, eliminar barreras innecesarias y mantener la protección sin dificultar la agilidad y la comodidad.


Abandono de autenticación


La tasa de abandono de autenticación muestra cuántos usuarios inician un proceso de inicio de sesión, validación o aprobación y se rinden antes de que se complete.


Este indicador es valioso para identificar puntos de fricción en los procesos digitales, especialmente cuando múltiples pasos o instrucciones poco claras alejan a los usuarios legítimos.


Las altas tasas de abandono pueden significar pérdida de negocio, pérdida de conversiones y frustración del cliente.


Para reducir este problema, los bancos deben revisar las interfaces, simplificar los pasos y aplicar autenticación adaptativa, requiriendo capas adicionales solo cuando realmente exista una necesidad de riesgo.


Incidentes causados por errores humanos


La mayoría de los incidentes cibernéticos en el sector financiero siguen implicando comportamientos humanos, como clics de phishing, uso indebido de credenciales, fallos operativos o negligencia en el manejo de datos sensibles.


Medir estos eventos te permite entender dónde están las mayores vulnerabilidades internas.


Más que señalar fallos individuales, este indicador muestra el nivel de madurez de la cultura de seguridad de la organización.

 


¿Cómo apoya PhishX a los bancos en este desafío?


PhishX apoya a los bancos en el reto de equilibrar la ciberseguridad y la experiencia digital actuando directamente sobre la principal superficie de riesgo de las organizaciones: el factor humano.


A través de programas inteligentes de concienciación, la plataforma transforma la formación tradicional en acciones continuas y personalizadas guiadas por comportamientos reales.


En lugar de campañas genéricas, los empleados reciben contenido más relevante, alineado con el nivel de madurez, el perfil de riesgo y el contexto operativo de la institución, aumentando la implicación y la eficacia en el cambio de comportamiento.


Además, PhishX utiliza simulaciones realistas de amenazas para preparar equipos ante estafas cada vez más sofisticadas, como phishing, ingeniería social y fraude dirigido al sector financiero.


Todo esto va acompañado de datos estratégicos e indicadores claros, que permiten a CEOs, CISOs y líderes seguir la evolución, identificar vulnerabilidades y tomar decisiones ejecutivas basadas en la evidencia.


De este modo, la seguridad ya no es solo una reacción y empieza a funcionar como una ventaja competitiva sostenible para el banco.


Dos profesionales en una tienda de ropa, sonriendo y sosteniendo prendas, con percheros al fondo; imagen en tonos azules con el texto: "¿Cuál es el riesgo detrás de la experiencia digital en el comercio minorista?" y el logotipo de PhishX en la esquina superior izquierda.
La experiencia digital en el sector minorista puede convertirse en un riesgo para las organizaciones.


 
 
 

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